Sirviendo religión con opio

Jeremías Brafett Jhonson jbrafet@gmail.com

En 1844, mientras comenzaba a nacer nuestra independencia, Karl Marx decía que “la religión es el opio del pueblo”. Aunque la expresión del filósofo alemán ha sido mal interpretada por haberla sacado de contexto, mis pensamientos no riman del todo con la misma.

Vistos los últimos acontecimientos en los que se han visto envueltos líderes de la iglesia, tanto católica como protestante y me atrevo a asegurar que la religión no es el opio del pueblo, pero hay líderes religiosos y entidades religiosas que están sirviendo cucharadas de religión adulteradas con opio.

Es que el mango de la cuchara con que se sirve la religión da poder a sus líderes y les permite manejar dinero y mover los hilos del pensamiento de un pueblo tan mágico-religioso como el nuestro. Por eso tanta gente quiere ser líder religioso.

Hay opio en la cucharada de religión que están sirviendo aquellos que se hacen ricos a costa del sacrificio de feligreses, que están cada día más pobre, mientras el que sostiene el mango de la cuchara compra casas lujosas y vehículos de alto cilindraje.

No falta opio en la cucharada de religión que están sirviendo en aquellos lugares en los que se pretende mutilar el pensamiento y someter a la multitud a formas retrógradas de pensar y completamente alejadas del sentir del mismo Cristo al que dicen servir.

Opio hay también en las cucharas de religión que se están sirviendo en los templillos y en las catedrales cuyos pastores y sacerdotes desahogan sus necesidades sexuales con niños provenientes de familias a las que es muy fácil comprar el silencio.

No falta opio en las cucharadas de religiones que les sirven a los diputados y senadores para que frente a temas de vida o muerte de la mujer pronuncien discursos huecos y cuenten historias bañadas de lágrimas, tendentes a convencer a una mayoría legislativa ignorante incluso del marco legal del tema en discusión.

Sinceramente, Karl Marx debe estar aplaudiendo, pues pienso que su inteligencia lo habría hecho reconocer que ciertamente la religión en sí no es el opio, sino que muchos de sus líderes y una gran cantidad de las instituciones que la promueven hace años que le han estado añadiendo opio.

¡Qué pena! Soy un profundo religioso, pero creo que vamos a tener que ir aprendiendo a examinar muy bien las cucharadas de religión que se nos sirven.

Creo, incluso, que hasta tendremos que ir pensando en hacernos cada uno de una Biblia y hacer en cada familia un altar para que cada quien por su cuenta se dirija al pomo del jarabe y tome su propiaacucharada…solo así no corremos el peligro de que nos la sigan sirviendo con opio.

2 comentarios

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2 Comentarios

  • Betania Figueroa
    11 mayo 2021, 7:42 am

    Exelente reflexion hermano. Gracias por este aporte.

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  • Marciano Antonio Núñez Brito
    11 mayo 2021, 10:13 pm

    Excelente artículo

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