Los retos de las nuevas autoridades

Jeremías Brafett Jhonson jbrafet@gmail.com

Pasadas las elecciones, nos resta poner los ojos en el nuevo gobernante y su equipo, así como en los nuevos integrantes del Poder Legislativo y de los ayuntamientos. 

Seguramente, después del éxtasis de la victoria, los recién elegidos y, especialmente el nuevo Presidente, estarán pensando en la montaña de retos que tienen que enfrentar. 

A lo primero que debe enfrentarse el aparentemente ecuánime Abinader es a controlar una gran cantidad de personas de su partido y de organizaciones aliadas, que anhelan la llegada del 16 de agosto, con la esperanza de obtener un puesto en la administración pública, cosa que no resulta fácil en ninguna entidad política, y mucho menos en el PRM, antiguo PRD.

Las nuevas autoridades también han de asumir un país cuya economía está sumamente golpeada, pues, aunque a la llegada del Covid-19 ya lo estaba, a causa del endeudamiento del gobierno, la pandemia vino a poner la tapa al pomo, frenando los ingresos por Aduanas, Impuestos Internos y el turismo, mientras elevó los compromisos del Estado a través del FASE, PATÍ Y QUÉDATE EN CASA. 

EL nuevo gobierno debe enfrentarse a una ola de desempleo que podría estarse cuajando, porque muchas empresas privadas formales e informales ya no aguantan más la situación, además de que, con el cierre de la OISOE y otras entidades estatales que podrían correr la misma suerte, muchos empleados públicos podrían estar recogiendo sus escritorios. 

La corrupción rampante y la impunidad, así como la independencia de los poderes del Estado y la limpieza de la Justicia, la profilaxis de los cuerpos castrenses, la puesta en marcha de la educación y el desenredo del lío del sistema de salud son también retos que esperan la atención de las autoridades.

La gente, sin embargo, no debe esperar que todo eso suceda de la noche a la mañana y las nuevas autoridades no deben comenzar a dar palos a ciegas para complacer en tiempo record el grito de las multitudes, porque ya está demostrado que cuando eso sucede se podría estar frente a una taza de mucha espuma y casi nada de chocolate. 

Ya se pueden ver algunos rasgos de buenas intenciones, reflejados en algunos anuncios de designaciones y en promesas de acciones, así que, nos resta rogar a Dios que dirija a estas autoridades y que les dé la sabiduría que han de necesitar. 

Rogamos también a Dios que le permita a Abinader y a las nuevas autoridades amarrarse cada uno una tirita en el dedo gordo de la mano derecha, para que en cada decisión esta les recuerde que el mismo estribillo que cantaron al PLD se lo cantará el pueblo si no lo hacen bien o si, emborrachándose tanto de poder, olvidan que solo son inquilinos pasajeros del Palacio Nacional, de las edificaciones del Congreso y de cualquier edificio de la administración pública. 

 

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