El candidato de la “camisa manga corta”: ¿Acierto publicitario o simbolismo fatal?

Por Ángel Josué Arias

Durante esos momentos de ocio que hoy en día nos llevan, casi naturalmente, a las plataformas sociales y a otras distracciones en la web, me encontré con dos tuits de Milagros Germán que me llamaron incesantemente a pensar. El primero decía: “el que no sabe hablar, no sabe pensar”; en el segundo, la diva redondea la idea con lo siguiente: “Sale de nuestra boca el contenido que nos permite nuestro intelecto, demuestra nuestra capacidad de entender las cosas, de conceptualizar el mundo”.

Los tuits de Germán no se quedan cortos ni en simbolismo ni en contenido explícito. Ambos fueron publicados el 30 de mayo, una fecha que por sí sola debería ser motivo de reflexión entre los dominicanos, y hacen alusión a otro fenómeno de la política dominicana que lleva por nombre Gonzalo “El Penco” Castillo (el candidato de “la camisa manga corta”).

Debo admitir que al principio miré los comentarios de Germán con cierto escepticismo, ya que “la diva” forma parte del equipo de Luis Abinader, y era de esperarse que arremetiera contra su opositor. Sin embargo, mirando más allá del humo y el ruido que genera la política dominicana, pienso que el comentario (si se lo propuso o no) nos sugiere algo mucho más profundo: el peligro que representa Gonzalo Castillo para la República Dominicana.

Aparte de los cuestionamientos que se le hacen por su gestión al frente del Ministerio de Obras Públicas, en sus eventos proselitistas, Gonzalo revela una obvia deficiencia intelectual y un desconocimiento de la realidad social dominicana que, en principio, lo deberían descalificar para ostentar la presidencia del país.

No son necesariamente sus “metidas de pata” o las “gonzaladas” como se le conocen popularmente, lo que nos debería preocupar, sino su falta de conciencia social y de entendimiento, como lo dijo Milagros Germán.

Los dominicanos ya hemos sido gobernados por individuos ineptos, incoherentes y atolondrados, como lo fue Hipólito Mejía, pero nunca por un candidato con las extraordinarias deficiencias de Gonzalo Castillo. Aunque el ex-presidente Mejía se mostrara como un individuo que carecía de autocontrol y prudencia, por lo menos era un hombre con un gran conocimiento de la agricultura y la idiosincrasia dominicana.

El hecho que German se encuentre en el equipo político de Luís Abinader, no quiere decir que sus dudas sobre las capacidades de Gonzalo sean menos válidas o inoportunas. La habilidad de Pensar y entender son quizás las facultades más importantes de una persona, y particularmente de un político, porque son las capacidades cognitivas que orientan el sentido de juicio.

La filósofa alemana Hannah Arendt definía el entendimiento como un “proceso sin fin”, por el cual nos “reconciliamos con la realidad” en búsqueda de significado.

Todos nacemos con el deseo de saber, como lo dijo Aristóteles, pero no todos sabemos por qué es significativo saber lo que sabemos. A este deseo se le llama la búsqueda de entendimiento, y se desarrolla a medida que pensamos críticamente.

El pensamiento crítico nos acerca al mundo, ya que su naturaleza es reflexionar sobre las opiniones o asuntos humanos en búsqueda de profundidad y significado.

Arendt nos dice que, aunque la actividad de pensar sea “un diálogo silencioso entre yo y yo mismo”, si pensamos críticamente en relación al mundo, liberamos otra facultad llamada Juicio. Ambas facultades (pensamiento y Juicio) son subjetivas y personales, pero se convierten en habilidades políticas cuando nos empeñamos en entender y formar parte de un mundo organizado. Aparentemente, “El Penco” carece de estas facultades, porque se le dificulta articular sus opiniones sobre los asuntos de la República Dominicana, a menos que no sea con ayuda del monitor.

Si aceptamos el Entendimiento como el proceso que sucede al pensamiento crítico y que nos permite “reconciliarnos con la realidad,” esta se convierte en la capacidad que le da significado a todo lo que juzgamos en nuestra sociedad.

La facultad de juzgar es una capacidad indispensable para el individuo, especialmente cuando este aspira a manifestarse en relación a la condición humana y la política de nuestro mundo.

El juicio que libera el pensamiento crítico es también la actividad que destapa nuestra facultad del “gusto”, la capacidad de discernimiento y discriminación, misma que nos ayuda a distinguir, no sólo lo bello de lo feo, sino también lo correcto de lo incorrecto. Eso convierte a nuestra capacidad de juicio en una de las facultades políticas más transcendentales, porque nos obliga a participar en los asuntos de una comunidad y a reflexionar en relación al sentido común que prevalece en un mundo político.

El entendí-miento, a través del juicio crítico, nos ayuda a reflexionar, es decir, a exponer o representar aquellas perplejidades humanas o cognitivas que no tenemos en frente o presente, y las convierte en materia de juicio.

Particularmente en momentos de crisis, como los que vivimos hoy con el COVID-19 y el desastre climático que se nos avecina, el pensamiento crítico y los juicios políticos se vuelven indisponibles.

Las crisis nos exigen nuevas preguntas y respuestas, cambios profundos que sólo se logran con pensamientos radicales y novedosos. Tomando estos apuntes en consideración, ¿cómo podemos esperar o exigirle a un individuo como Gonzalo Castillo un juicio sobre las crisis ya mencionadas? ¿Cómo exigirle a “El Penco” un juicio novedoso sobre pobreza extrema, las deficiencias educativas del país o la corrupción, cuando el candidato no puede entender o no tiene un acercamiento crítico con nuestra realidad?

Por eso, al ver que se le ha denominado como el “presidente de la camisa manga corta”, no se puede evitar o ignorar el simbolismo de este movimiento o la ironía singular que se nos presenta. La estrategia publicitaria de las “mangas cortas” quiere proyectar a Gonzalo como un hombre de los estratos más humildes, un hombre sencillo, que entiende y siente los anhelos y carencias de los dominicanos. Pero tomando en cuenta el desempeño de “El Penco” en público, esta estrategia sugiere, por lo menos a mí, algo muy distinto: que en lugar de proyectar esa “cercanía” con los dominicanos a través de la “camisa manga corta”, este símbolo representa su corto conocimiento de la historia dominicana, su corto entendimiento de las necesidades del pueblo, y su falta de cultura y compromiso con los valores y principios de la dominicanidad.

En 1961, Hannah Arendt fue enviada por la revista The New Yorker a cubrir el juicio del famoso criminal Nazi Adolf Eichmann, el individuo responsable de coordinar y transportar a todos los judíos de los territorios ocupados por los Nazis a los campos de concentración. El informe de Arendt sobre el juicio apareció primero como una serie de artículos y luego en un libro titulado Eichmann en Jerusalén: Un informe sobre la banalidad del mal. Una de las primeras y más provocativas observaciones hechas por Arendt fue que, aunque Adolf Eichmann fue catalogado por muchos “expertos” como el monstruoso autor intelectual de la “Solución Final”, el juicio reveló un burócrata débil y despistado que hablaba en clichés.

Los crímenes de Eichmann, según Arendt, no fueron impulsados ​​por el fanatismo, el odio antisemita o alguna naturaleza “diabólica”, sino por una incapacidad para pensar y juzgar. La única motivación que Arendt pudo ver en Eichmann fue una “habilidad extraordinaria para buscar su avance personal”.

Arendt vio en Eichmann a un hombre solitario, irreflexivo y sin imaginación, atrapado en un programa burocrático que, no obstante, perpetró el mal en proporciones inimaginables.

Esto no quiere decir que Gonzalo Castillo sea una mente criminal o que los políticos de camisas mangas largas no estén aún más desconectados de la realidad del país. Al contrario, lo que preocupa es que éste sujeto sin imaginación, con una dificultad inverosímil para conectar con el pueblo o articular lo que piensa, sea utilizado para perpetuar en el poder a una maquinaria política muy bien calibrada, como la del P.L.D., que lleva veinte años adueñándose de los poderes del Estado y usando los fondos públicos para beneficios individuales.

Como sugirió Milagros en sus tuits, esa película de terror ya la vimos por treinta años en el siglo pasado, y esta vez no debemos verla pasivamente desde la casa, si es que en verdad amamos la República Dominicana, la democracia y la libertad.

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