Pensando en el trabajador

Jeremías Brafett Jhonson jbrafet@gmail.com

Este viernes 1ro. de mayo es el DÍA DEL TRABAJADOR. Día que evoca lo acaecido el 1 de mayo de 1886, pero que tiene conexiones con otros acontecimientos y movimientos anteriores y posteriores a este, todos ellos buscando lo justo para los trabajadores.

Si se echa in vistazo a la actual condición de la clase trabajadora, tristemente, de las fuentes de nuestros ojos emanan lágrimas espesas y amargas, pues, debemos reconocer que, aunque se ha avanzado un poco, todavía el camino hacia la dignificación de los trabajadores sigue siendo pedregoso y con un norte incierto.

Si se inicia por el tema de los salarios, inmediatamente la llaga comienza a doler, pues se le esta poniendo un dedo en la parte más dolorosa. Esta es la hora en que la paga justa es objeto de discusiones y, por cierto, unas discusiones en las que llevan la voz cantante quienes menos han de torcer el brazo, pues, es evidente que defienden y defenderán sus intereses. Esto ocurre en gran parte de América y más allá, pero lo de nuestro país es el colmo porque por años nuestros gobiernos, representados en los ministros de Trabajo, solamente amagan al respecto.

Piénsese también en lo penoso que es el futuro de millones de trabajadores nuestros a quienes de cada pago les descuentan un dinero para su PENSIÓN. Un fondo al que los patrones también aportan, pero que no crean que es un favor que hacen porque lo que aportan no es ni una uña de lo que los empleados dejan en las empresas.

Pero el abuso más grande en ese sentido viene de la mano de las Administradoras de los Fondos de Pensiones. Cada vez esas empresas financieras acaparan más y cada vez piensan menos en el trabajador, quien terminará sus días (si llega a la vejez) teniendo que doblar el lomo para poder completar lo que necesita para la mantención de un anciano cansado, deteriorado y enfermo. Aquí también el gobierno se floretea con discursos y posiciones que a todas luces muestran que no se atreve a entrar el dedo por miedo a una mordida de la cotorrita.

Sin embargo, este día también encuentra a los trabajadores perdiendo conquistas obtenidas, como el derecho a sindicatos y el acceso a sus prestaciones laborales. Son pocas las agrupaciones de trabajadores que ciertamente existen y pueden con libertad defender a sus miembros sin miedo a represalias de la autoridad, no importa si hablamos de trabajadores privados o públicos.

Se podría decir que el derecho a prestaciones laborales está garantizado por la vía que ha estado ideando el gobierno supuestamente para asegurar ingresos a los trabajadores cuando sus patrones tengan que desvincularlos de la empresa, pero lamentablemente tenemos que mirar ese proyecto con los mismos ojos que vemos la SEGURIDAD SOCIAL, pues en cuanto cuaje, las autoridades mirarán la realidad con la misma entrega que atienden a los trabajadores abusados por las AFP.

Este día además encuentra a los trabajadores llenos de incertidumbre puesto que muchos saben que cuando salgamos del estado de emergencia ni siquiera volverán a percibir el olor de los sueldos cebolla que tenían antes de la llegada del Covid-19. No importa que el gobierno suplique a los patrones o los amenace, aquí ya no se hace caso a la autoridad.

¡Qué penosa situación la del trabajador dominicano! ¿Quién podrá ayudarlo? De cierto no se puede mirar a las autoridades porque ya en nuestro país se demostró que en ninguno de los colores que han adornado el Palacio Nacional se puede poner la esperanza.
¿Qué nos queda entonces? Lo que queda es seguir luchando y ahora más que nunca poner la mirada en tantos trabajadores que quedarán desamparados.

Las iglesias estamos llamadas a mirarlos, a oír sus lamentos y a acompañarlos en sus luchas. Los que tenemos trabajadores a nuestro cargo estamos llamados a obrar como Jesús, a tener misericordia, a actuar con justicia y a dignificar ahora más que nunca, la condición de nuestros trabajadores.

Todo empresario que realmente tenga un corazón o le quede algo de gente está compelido a hacer algo por sus trabajadores, no a entregarles dádivas, más bien a pensar cómo contribuir a que todos puedan encontrar el camino para enfrentar lo que se nos viene encima cuando salgamos de casa otra vez.

¡Que Dios sensibilice el corazón de todos los patrones y nos muestre el camino a seguir con los trabajadores a nuestro cargo! ¡Que la deidad nos proporcione autoridades sin deudas a los poderosos para que puedan oír el clamor de la clase trabajadora!

2 comentarios

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2 Comentarios

  • Erubén
    28 abril 2020, 6:28 pm

    Excelente presicion

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  • Mercy Agüero Paulino
    30 abril 2020, 10:04 am

    Los empresarios de este país son unos negreros, apoyados por unos políticos corruptos e ineficientes, además de que los sindicatos se han corrompido y solo ven como sacar beneficios a costilla de la clase trabajadora.

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